Katherine C. López

Psicoterapeuta

El Espiral de la Vida

Hace unos días leí una frase que decía,

“Cuando no son tus muertos es difícil entender la gravedad de la situación”

Esta frase traída al contexto de pandemia que estamos viviendo genera todo tipo de reacciones. Sin entrar a analizar o juzgar estas reacciones, lo que me interesa hoy es invitarte a reflexionar sobre lo que esta frase genera en tí. En mi caso, me di cuenta de que antes de esta pandemia todos teníamos a nuestros muertos por quién llorar su partida una vez al año como algo único a cada uno.

¿Pero y que pasa ahora?

Ahora pasa que la pandemia nos ha confrontado a una sensación de perdida, antes latente, que se ha mundializado, que ya no es propia a cada uno. Esta pandemia se ha encargado de cambiar muchos de nuestros hábitos, nos ha invitado a rever nuestra forma de sentir, nuestra forma de pensar nos ha invitado a rever nuestras creencias, sobre todo aquellas que conciernen nuestra relación con la vida y la muerte.

De eso trata el artículo de hoy,

  • De conectar con la relación que tienes con el espiral de vida del cual formas parte.
  • De sentir a partir de ahora que relación quieres tener con la vida.
  • De crear una nueva forma de relacionarte con la muerte.

Al final, te voy a presentar algunas flores de Bach, que pueden caminar contigo en este proceso, además del ejercicio de enraizamiento habitual.

La muerte en esta sociedad moderna ha sido ocultada debajo de la alfombra, y ha hecho que caigan en desuso aquellos ritos, aquellas ceremonias, aquellas costumbres que tenían como objetivo despedir al que se iba con el fin de cerrar el ciclo de vida. Rituales que hacían que la pérdida fuese integrada como parte de este movimiento de la vida sin por ello quedar con una sensación de discontinuidad.

Personalmente, tengo seres queridos que han partido, he vivido experiencias en las que me he tenido que despedir antes de tiempo, otras en las que he tenido que soltar para poder liberarme, poder liberar al otro del apego de tener que quedarse en un cuerpo que ya no resiste más dolor, otras veces no pude ni siquiera despedirme como yo habría querido.

El punto clave para mí en todo esto es que me he dado cuenta de la carencia de herramientas con las que la sociedad en la que vivo cuenta a la hora de “afrontar” ese momento de la vida que es la muerte.

Aprender a superar a los muertos porque ya no están es diferente de olvidarlos, es poder recordar los momentos compartidos que son los que suman los que construyen los que dibujan una sonrisa en los labios.

Te voy a compartir un poco de mi un poco de mi jardín interior y contarte una experiencia que viví que me ayudó a soltar y despegarme de las creencias, de los miedos y de los prejuicios que me quedaban con respecto a la muerte.

Mi hija nació prematura muy chiquita con poco peso y con problemas que quizás iba a demandar una operación de mucho riesgo. Pasamos, mi esposo y yo, 6 semanas con ella en el hospital en el que cada día era un suplicio de saber si había mejoras o no. Lo único que podía hacer era hacer canguro, le contaba cuentos, le cantaba, le decía todo lo que íbamos a hacer cuando saliésemos de allí le decía cuánto la amaba. Luego de un mes de internación en los que los cambios habían sido pocos, una noche una enfermera, luego de verificar que todo estaba bien con ella, nos dijo que seguramente ella iba a tener que ser intervenida y que sus posibilidades de sobrevivir con su peso eran pocas por no decir nulas. Esa noche no dormí, esa noche lloré, medité, rece, me enoje con la vida, me enoje con el mundo, esa noche solté. Al otro día le hable con la mano en mi corazón le dije que sí partir era lo que quería que si estaba sufriendo que lo hiciera que no se quedará por mí, que mi amor por ella era incondicional que trascendía todos los mundos imaginables y de los otros. Disfruté ese día con ella como si fuera el último y me sentí más ligera. Dos días más tarde, los médicos y los estudios volvieron a formar parte de la rutina cotidiana, en la semana los resultados indicaron que la niña estaba bien, que no había que intervenirla y que le daban el alta.

En esta experiencia soltar fue lo que nos salvó a las dos, desapegarnos y elegirnos nuevamente desde la libertad, desde el amor incondicional de saber que en algún momento vamos a partir y que mientras tanto podemos disfrutar de la vida, disfrutar de los momentos compartidos, enojos y rezongos incluidos. Vivir la vida sin miedo me permitió conectarme con el amor incondicional que tenía por mi hija, ya no era un concepto sino algo que sentía profundamente en mí Ser, me permitió darme cuenta de que yo y solo yo era responsable de como quería vivir esta experiencia. Cualquiera,

  • Quedarme pegada a la experiencia desde el lamento, desde el sufrimiento que me genera preguntándome porque me paso a mí, o…
  • Elegir el otro camino y preguntarme para que me ha pasado, que tengo que aprender de esta experiencia tan dolorosa. Que me ha dejado como enseñanza.

¿Y tú, has vivido alguna experiencia similar?

¿Como sientes que es tu relación con la vida, con la muerte?

Tu misión es vivir la vida plenamente consciente de que eres parte de un espiral de vida que está conectado con el crecimiento, con la expansión y la evolución, que te lleva a un renacer continuo, a una resurrección.

Un movimiento circular que sale de un punto central, que te invita a morir y renacer muchas veces de forma indefinida hacia el infinito. Creciendo, avanzando, tomando espacio, repitiéndose una y otra vez a tu propio ritmo, transformándote en el camino, tanto físico como espiritualmente.

¿Acaso no nacen y mueren la mayoría de las células de tu organismo una y otra vez durante toda tu vida?

¿Sientes que vibras en armonía con ese movimiento?

Si es así, te invito a compartir como lo haces tú.

Sino es tu caso, ¿Qué te lo impide?

Tu organismo responde a la inteligencia de la naturaleza, a la inteligencia del universo, del tiempo, de las estrellas que cambian, y que vuelven cada año como puntos de una rueda gigante.

Siempre repito que la salida es al interior de cada uno de nosotros, para que esa salida se produzca hay que dar un primer paso y ese es el aceptar ser parte de este espiral de vida en continuo movimiento.

Esta aceptación te va a llevar a conectarte contigo, a reencontrarte con quién eres realmente, a aceptar el cambio, sin miedo, como parte de la vida y así comenzar a vibrar, a pulsar, a vivir siguiendo un movimiento armonioso como si se tratara de una danza creativa, evolutiva, que se extiende a todo tu organismo, a toda la naturaleza aportándote paz.

“Es importante que hagas lo que en verdad te importa, solo así podrás bendecir la vida cuando la muerte este cerca” Elisabeth Kübler-Ross

La vida te ofrece esta oportunidad y cuentas con la capacidad para crear la vida que deseas y esto va a contribuir a que tengas una vida plena y feliz aceptando a la muerte como parte del viaje.

Es tu responsabilidad transformar aquellas situaciones que impiden tu crecimiento, es tu libre albedrío hacerlo o no, tu tarea será estar plenamente presente a la vida más allá de la resolución que tomes ya que solo así podrás aprender la lección. Hacer lo que en ese momento sientas que es justo para ti, desapegándote de lo que se espera de ti.

Si sientes que este es un proceso que cuesta aun, las flores que te pueden acompañar son las siguientes,

Chestnut Bud, esta flor es para ti si necesitas estar más presente al aquí y al ahora, a esta realidad. A partir del momento en que eso pasa, puedes aprender de las experiencias que vives, puedes vivirlas e integrarlas como lecciones en tu vida haciéndola así más rica.

Chicory, si necesitas conectarte con un amor libre, sin condiciones, sin chantaje emocional, esta es tu flor. Cuando nos conectamos desde un apego seguro, podemos hacer confianza a la vida de que el vinculo con nuestros seres queridos trasciende cualquier frontera visible o no.

Wild Rose, si sientes que hoy día la vida te lleva sin más, que todo te da igual. Esta flor te permitirá reconectarte con la vida. Desde el momento que estas más presente a ella, que asumes tu vida, tienes la energía y el dinamismo para comenzar a cambiar aquello que ya no quieres en ella.

Mimulus, una flor de miedo a todo aquello que conoces, te la propongo si tienes sobre todo miedo de vivir la vida por temor de que algo “malo” pueda ocurrir, así pasan los días, pasan los meses, pasan los años, se pasa la vida y cuando te das cuenta, ya es hora de emprender el viaje. Con Mimulus, podrás tener la confianza de que pase lo que pase cuentas con el valor necesario para afrontarlo.

Tienes la misión de conectarte con la vida desde la ligereza, alimentándote con todo aquello que te lleve a ampliar tu consciencia que te aleje del drama, del miedo, del dolor, de la preocupación.

odas las situaciones que se presentan en tu vida son oportunidades para crecer, vive de tal forma que al mirar hacia atrás puedas felicitarte por cada aprendizaje logrado.

Vive de tal forma que puedas mirarte sin juzgarte, desde la comprensión y la compasión hacia ti.

¡Vive!

Espero que el artículo de hoy te motive a continuar tu camino.

Puedes enviarme tus comentarios, por correo electrónico a katherine@espaceambar.be o dejarlos directamente aquí al final

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